3 razones para hacer escapadas de última hora

Existe una correlación entre la felicidad y viajar. Una investigación holandesa estableció que, incluso una mini escapada de vacaciones de 3 a 6 días, aporta una mejora evidente en el estado de ánimo. Descubrir la diversidad estimula el cerebro y un cerebro ejercitado, es un cerebro feliz.

Viajar es una actividad relacionada con el bienestar psicofísico. No importa si el destino queda al otro lado del mundo, o si visitas una ciudad en tu provincia: viajar proporcionan sensaciones de satisfacción, incluso placer y, por lo tanto, bienestar. Los sentimientos vinculados al viaje estimulan tu autorrealización y el crecimiento personal.

En particular, existen tres razones básicas por las que viajar es una bendición para tu salud psicológica y por las que debes hacer de vez en cuando escapadas de última hora:

1. Un chollo de viaje para reducir el estrés

Viajar en avión, en tren o en coche es una actividad que, en ocasiones, coloca a la persona en situaciones estresantes. Una rueda pinchada o un vuelo tardío sitúan al viajero ante problemas que precisan cierta calma y tener la mentalidad correcta. Encontrar soluciones alternativas, superar los límites personales y controlar la ansiedad son parte de las habilidades que se desarrollan al viajar.

Cuando viajas suspendes las reglas de funcionamiento de tu vida diaria, eres más indulgente con la hora de irte a dormir (y de levantarte) y, en general, te olvidas de cualquier obligación. Esta sensación de ligereza y relax disuelve el estrés acumulado.

Investigaciones científicas reconocen el efecto beneficioso del contacto con la naturaleza en el bienestar psicológico. Si te encuentras tenso y agotado, elegir escapadas de última hora a entornos naturales, sobre todo con bosques y cursos de agua, operan auténticos milagros en tu estado anímico.

Tampoco desmerecen en calidad curativa, disfrutar de un chollo de viaje por áreas urbanas. Si eliges ciudades hermosas con parques, avenidas arboladas, monumentos, bonitos museos y otros lugares estimulantes, también resultan experiencias sanadoras para el viajero.

2. Viajar aumenta tu creatividad y amplías la mente

De forma inconsciente, las personas se sienten atraídas por lugares diferentes del mapa mental en el que se desenvuelven en su vida diaria. No se trata de la respuesta del lugar a las expectativas del viajero, sino que la felicidad está implícita en el proceso de la adaptación a lo inesperado y las sorpresas del viaje en sí.

Planear el viaje es una de las actividades de toma de decisiones por excelencia. Piensa, por ejemplo, en la elección de las ofertas de un chollo de viaje, la planificación de itinerario, la compra de los billetes, etc., hasta culminar en el día de la partida. En este sentido, el viaje es un proyecto personal que desarrolla habilidades de organización y creatividad, la buena perfección de ti mismo y tu control sobre el entorno.

El cerebro humano adora el aprendizaje. Según la revista Focus, viajar a lugares desconocidos, probar la comida que nunca se probó o aprender unas pocas palabras en otro idioma son actividades que establecen nuevas conexiones neuronales.

Tu cerebro es un órgano altamente sensible al cambio y capaz de adaptarse a nuevas situaciones: los académicos lo llaman neuroplasticidad. La experiencia de viaje es un increíble gimnasio para el cerebro, que se adapta rápidamente al idioma y las costumbres del país que visitamos.

Cuando viajas, amplías tu visión del mundo, te vuelves más tolerante y empático, y desarrollas aptitudes del llamado: “pensamiento lateral”, que sirve para elaborar soluciones creativas ante las dificultades.

Compartir experiencias vividas te permite consolidar relaciones contigo mismo y con los demás. La historia de la experiencia de viaje, a través del intercambio de fotos, vídeos y recuerdos, te aporta un efecto de bienestar emocional y mejoría de la autoestima.

3. El dinero no da felicidad: las escapadas de última hora, sí

La sociedad consumista incita creer que la clave de la felicidad reside en la acumulación de bienes materiales. La medicina y la psicología no están de acuerdo: este impulso materialista, con su sensación de temor a la pérdida y de permanente estado de carencia, resulta perjudicial a largo plazo para el bienestar psicológico individual.

La otra cara de la moneda, consiste en invertir el dinero en experiencias vitales que te proporcionen momentos de plenitud. Un experimento realizado por la Universidad de San Francisco demuestra que las personas que gastan su dinero en experiencias: viajar, ir al cine, hacer rafting, etc., en lugar de comprar artículos de consumo, afirman sentir una sensación de plenitud, y de haber gastado dinero en algo que mereció la pena.

La compra de bienes aporta un intenso placer vinculado sólo al acto de compra que, sin embargo, desaparece con rapidez para ser reemplazado por una nueva necesidad de comprar. Por el contrario, las emociones y sensaciones que se sienten gracias a las experiencias se fijan en la memoria a largo plazo. El simple recuerdo del momento feliz del viaje despertará la misma alegría donde sea que te encuentres, y te acompaña de forma permanente durante tu vida.